El Mendozazo fue parte de un ciclo más amplio de ascenso obrero y popular que recorrió la Argentina entre el Cordobazo del ’69 y la huelga general contra el gobierno peronista de 1975. Pero tuvo su impronta propia: la autoorganización desde abajo, la presión a la acción a las conducciones sindicales y una poderosa alianza obrero-estudiantil. Es esa memoria viva, esa tradición de lucha, la que sigue presente en cada pelea contra los que gobiernan para los de arriba.
Hace 53 años, en las calles de Mendoza, el pueblo trabajador, lxs estudiantes y docentes dieron una lección inolvidable de valentía y coraje. En abril de 1972, frente a un brutal aumento del 300% en las tarifas eléctricas impuesto por la dictadura de Lanusse, miles se volcaron a las calles en una insurrección popular que pasaría a la historia como el Mendozazo. Pero no fue una simple protesta: fue una verdadera pueblada, una irrupción de los de abajo que paralizó la provincia, desbordó a la burocracia sindical, enfrentó la represión militar y obligó al régimen a retroceder. La bronca acumulada por años de autoritarismo, hambre y desigualdad explotó como una chispa al conocerse el tarifazo.
A ese malestar general se sumaba el carácter autoritario del gobernador de facto Francisco Gabrielli, un civil que el Partido Demócrata había puesto a disposición de la dictadura. Enfrentado con las docentes que se organizaban desde el Sindicato del Magisterio, reprimió y deslegitimó sistemáticamente sus reclamos, intentando quebrar una de las voces más activas de la resistencia en la provincia.
El 4 de abril comenzaron las movilizaciones. Las columnas de trabajadores, jóvenes y asambleas de vecinxs fueron creciendo, hasta llegar a Casa de Gobierno, que terminaría humeando, símbolo concreto del hartazgo popular. El proceso de insurrección fue tan contundente que no solo forzó al régimen a retroceder con el tarifazo, sino que también provocó la caída de Gabrielli, quien se vio obligado a renunciar el 7 de abril, en un intento desesperado por contener el alzamiento.
Memoria de lucha en el presente
En 2025, cuando nos quieren hacer creer que no se puede, que hay que resignarse, que estamos solxs, el ejemplo del Mendozazo vuelve a interpelarnos con fuerza. No solo como recuerdo, sino como guía y ejemplo concreto de unidad en la lucha, de organización desde abajo y de confianza en la fuerza colectiva.
Hoy, más de medio siglo después, ese espíritu sigue vivo en las calles de Mendoza. Una muestra reciente, concreta y de enorme valor fue la liberación de Federico Soria y Mauricio Cornejo frente a los embates de la justicia cornejista y prominera. La movilización, la unidad y la solidaridad activa fueron claves para enfrentar la criminalización y lograr su libertad. Fue una victoria de lxs que luchan.
En los últimos años, el pueblo de Mendoza protagonizó luchas históricas, como en 2019, cuando se frenó la reforma de la Ley 7722 que habilitaba el avance de la megaminería contaminante. Allí, nuevamente, la juventud, las asambleas, las mujeres y lxs trabajadores tomaron en sus manos la defensa del agua y de los bienes comunes, y obligaron al gobierno a dar marcha atrás. Esa misma fuerza volvió a expresarse este 1F, contra los discursos de odio, y el 8M, cuando miles salieron a las calles en defensa del agua y contra la violencia machista, demostrando que la fuerza social que puede enfrentar a los gobiernos y sus políticas antiobreras sigue latente. Que se puede enfrentar al gobierno de Milei y a sus gobernadores cómplices.
Estas experiencias muestran que el miedo se puede romper. Que cuando nos organizamos desde abajo, en cada barrio, escuela, bodega, hospital o viñedo, la resistencia se vuelve poderosa. Que tenemos fuerza. Por eso es clave recuperar el espíritu del Mendozazo. No desde la nostalgia, sino como guía para la acción. Es hora de tomar todas esas experiencias de quienes no se resignaron. Frente a los que quieren sembrar miedo y resignación, es hora de perder el miedo. Es hora de animarse.