El peso mexicano y la Bolsa Mexicana de Valores se desplomaron este viernes en la que fue su peor sesión desde junio de 2024. La crisis se detonó por las represalias económicas de China tras los nuevos aranceles impuestos por el gobierno de Donald Trump. México, como siempre, terminó en medio de la tormenta… y sin escudo.
El tipo de cambio cerró en 20.44 pesos por dólar, con una caída del 2.6% en un solo día. El índice S&P/BMV IPC cayó un 4.87%, situándose en 51,452.73 puntos.
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Arrastrando consigo al sector minero, manufacturero cómo el energético. Los mercados reaccionaron con fuerza. México volvió a mostrar su vulnerabilidad estructural.
Tensión global, crisis local
El conflicto entre Estados Unidos y China escaló con una nueva ronda de aranceles.
China respondió de inmediato, imponiendo medidas similares golpeando el flujo comercial mundial. Las economías emergentes como México resintieron el golpe en tiempo real.
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El país, fuertemente integrado a las cadenas globales de producción, vio cómo se evaporaba la confianza de los inversionistas.
La aversión al riesgo creció, y con ello, la salida de capitales financieros. La Bolsa cayó, el tipo de cambio se alteró y las expectativas de crecimiento se debilitaron aún más.
El gobierno sin reacción ante la tormenta
Frente al colapso del peso y la caída bursátil, el gobierno federal no emitió ninguna postura oficial. No hubo conferencia, ni plan de contención, ni mensaje institucional.
Sheinbaum guardó silencio mientras los mercados reaccionaban con brutalidad.
La Secretaría de Hacienda tampoco presentó medidas. La pasividad gubernamental volvió a dejar sola a la economía mexicana en medio de una crisis externa. Mientras las potencias se disputan el control comercial global, México no tiene estrategia ni margen de maniobra.
México arrastra viejos vicios y nuevos riesgos
Analistas advierten que si el conflicto arancelario continúa, los efectos sobre México podrían intensificarse.
El país depende de las exportaciones, del comercio con EE.UU. y de inversiones sujetas a la confianza externa. Sin dirección económica clara, el país queda atrapado entre la inestabilidad global y la inacción interna.
El golpe bursátil es solo el principio.
Si no hay respuestas inmediatas, las consecuencias se trasladarán al empleo, la inflación y el poder adquisitivo. El peso ya da señales de alarma, y el gobierno sigue dormido.
Mientras el mundo ajusta su economía a los nuevos choques, México apenas se acomoda al discurso.
Y en ese discurso, las cifras rojas no caben. Pero en la realidad, ya lo estamos pagando.