La administración Trump busca una salida negociada a la tensión con Irán, mientras despliega recursos militares y propone un plan de 15 puntos. Analistas destacan la complejidad de un diálogo marcado por la desconfianza y los intereses estratégicos globales.
La búsqueda de una salida al conflicto en Oriente Medio por parte de Estados Unidos enfrenta críticas por la falta de una estrategia clara y una adecuada caracterización del adversario. El presidente Donald Trump ha enviado a Teherán, a través de Pakistán, un plan de negociación con 15 puntos que, según analistas, serían inaceptables para el régimen iraní. La iniciativa parece apuntar más a construir una narrativa política para una eventual retirada que a un acuerdo viable.
Trump ha declarado que la guerra ha concluido con una victoria norteamericana. Sin embargo, medios como The Wall Street Journal señalan que el régimen iraní, aunque maltrecho, permanece intacto, mantiene el control del estratégico estrecho de Ormuz y podría acceder a su material nuclear. Ante esta realidad, el ultimátum estadounidense para liberar el tránsito petrolero se ha transformado en lo que la Casa Blanca llama «conversaciones productivas», aunque por ahora son contactos sin profundidad.
Irán, por su parte, se mantiene en pie y cree tener capacidad para imponer condiciones. Esta percepción se vio reforzada cuando Estados Unidos ordenó liberar la venta de petróleo iraní, aliviando la presión económica sobre Teherán y modificando la estrategia inicial de asfixia financiera.
La participación de Pakistán como intermediario adquiere relevancia por su histórica alianza con China, una potencia con interés en desescalar una crisis que amenaza la economía global. La posible influencia de Beijing podría actuar como un factor moderador para evitar que Irán exagere sus ventajas. Como evaluó Trita Parsi, del Quincy Institute for Responsible Statecraft, citado por El País: «Ninguna de las dos partes puede aspirar a humillar al contrario en esta guerra».
El objetivo de cualquier negociación parece limitarse, por ahora, a la apertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento de sanciones. Sin embargo, el escenario se complica con movimientos militares. Mientras se anunciaba una pausa en los ataques, dos grupos anfibios de infantería de marina estadounidenses convergen en el Golfo Pérsico. Según The New York Times, se prepara el despliegue de tropas aerotransportadas para una arriesgada misión que podría apuntar a la isla de Kharg, principal centro de exportación petrolera iraní. Irán ha respondido que, de ocurrir, también cerraría el estrecho de Bab al Mandeb.
En este contexto, el plan de 15 puntos –que incluye el congelamiento del programa nuclear, el desarme misilístico y el control compartido de Ormuz– y las demandas iraníes de resarcimientos, son vistos por muchos observadores como herramientas propagandísticas más que bases reales de diálogo. Las conversaciones, cuya concreción y fecha son inciertas, avanzan entre sombras de desconfianza y bajo la amenaza latente de una escalada militar.
