En el corazón del estuario sur del Río de la Plata, los malecones de Berisso son palabra mayor. Para el pescador deportivo representan constancia, variedad y, sobre todo, bogas de excelente porte, una especie que encuentra allí alimento y refugio durante gran parte del año. Pejerreyes en invierno, dorados y patíes en verano, bagres de mar y corvinas rubias cuando las condiciones acompañan. Pero si hay una especie que identifica al lugar es la boga, que se mueve en cardúmenes compactos y ofrece combates memorables en la caña liviana.
La historia detrás de los malecones
Para entender por qué este ámbito es tan productivo hay que remontarse al origen mismo de la estructura. Los malecones forman parte del canal de acceso al Puerto La Plata, cuya construcción comenzó a fines del siglo XIX y culminó con su inauguración en 1890.
Originalmente fueron concebidos como estructuras de defensa y señalización costera. Estaban conformados por hileras de palos enclavados en el fondo, acompañados por piedras que marcaban la zona de navegación segura. En aquel entonces, una torre faro de hierro de unos 80 m indicaba el ingreso al puerto y funcionaba como referencia visual para las embarcaciones.
El canal posee aproximadamente 7.700 m de largo y unos 400 de ancho. Bajo la superficie, las piedras forman una especie de triángulo estructural que, con el paso del tiempo, se transformó en el hábitat ideal para mejillones asiáticos y otros crustáceos. Ese detalle, clave para el pescador atento, explica buena parte del fenómeno.
El secreto del gran pesquero de bogas
Las bogas encuentran en los malecones alimento permanente y cobertura natural. Las piedras sumergidas y los pilotes colonizados por moluscos generan un buffet constante que atrae a estos peces omnívoros.
Cuando la marea está alta, los palos y las piedras quedan cubiertos, y la zona se vuelve técnica para navegar. Con marea baja, en cambio, afloran los maderos endurecidos por el tiempo, el sol y el oleaje, mostrando claramente la estructura que sostiene este ecosistema artificial.
A la derecha del malecón ingresa la marea, que golpea contra los pilotes y enturbia el agua, generando corrientes y remolinos que activan el pique. Del lado opuesto, el agua suele plancharse. Esa dinámica de corrientes es fundamental: concentra alimento y ordena el movimiento de los peces.
No es casualidad que los guías de la región elijan este sector para sus salidas embarcadas. Con conocimiento de los portillos -los pasos navegables entre los pilotes- es posible posicionarse con precisión y trabajar líneas de fondo o medias aguas según la especie buscada.
Un pesquero rendidor todo el año
La combinación de estructura, profundidad (con un mínimo operativo cercano a los 10 m en el canal) y alimento natural convierte a los malecones en uno de los pesqueros más constantes del estuario.
Hoy el sector cuenta con balizamiento moderno en colores verde y rojo, que indica el estado del canal y facilita la navegación segura, muy lejos de aquella época en que todo dependía del viejo faro ya inexistente.
Un ícono para el pescador del Río de la Plata
Los malecones de Berisso son visibles para cualquiera que navegue la zona, pero su historia suele pasar desapercibida. Lo que nació como obra portuaria estratégica terminó convirtiéndose en uno de los mejores pesqueros de bogas del Río de la Plata, elegido tanto por aficionados como por expertos.
Para el pescador deportivo, conocer el origen del ámbito no es un simple dato histórico: es entender por qué allí el pique es constante, por qué las bogas pelean con fuerza y por qué, temporada tras temporada, este rincón del sur bonaerense sigue siendo una apuesta segura.
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