lunes, 16 marzo, 2026
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El precio del crudo no afloja y anticipan otro ajuste en surtidores: a cuánto se iría la nafta

La inestabilidad en los mercados energéticos globales entró en una situación de persistencia a partir de las tensiones en Medio Oriente y la incertidumbre sobre el control del Estrecho de Hormuz, clave para el tránsito petrolero global, que mantienen el precio del barril Brent con una firmeza que presiona las estructuras de costos de las refinadoras locales.

En este escenario actual, la cotización del barril de crudo Brent este domingo volvió a posicionarse por encima de los u$s100 -de referencia para la Argentina-, una barrera que parecía lejana pocas semanas atrás y que ahora marca el pulso de la economía global.

La volatilidad extrema no solo afectó al crudo, sino que también se trasladó con fuerza al mercado del GNL durante la última semana, lo que en breve puede abrir otro frente al mercado interno cuando se tengan que contratar los cargamentos para el invierno. Estos movimientos repercuten de forma inmediata en los centros logísticos del mundo y generan un impacto inevitable en la Argentina. 

La escalada de los insumos energéticos básicos obliga a las petroleras locales a revisar sus esquemas de precios para evitar un descalce financiero que ponga en riesgo la cadena de suministro, explican analistas del sector.

La fórmula de los combustibles

Para entender la magnitud de la presión en los surtidores, es necesario desglosar la fórmula técnica que compone el precio de la nafta en el mercado interno:

  • El valor final integra el costo del crudo en un 50%
  • Los márgenes de refinación y transporte un 31%
  • La carga impositiva nacional un 13%
  • El valor de los biocombustibles un 6%.

Con un Brent que consolida su tendencia alcista, el componente de la materia prima desequilibra la ecuación y empuja los valores hacia arriba de manera constante. Pero según los especialistas, existe una proporcionalidad técnica para el mercado local que se conoce como la «regla de los dos tercios», por el cual el aumento en los surtidores debería equivaler, a dos terceras partes del incremento que registre el barril internacional.

Si bien el crudo representa el 50% del valor, gran parte del 31% restante (fletes, salarios, mantenimiento de refinerías y operación de estaciones de servicio) está indexado a la energía. Cuando el petróleo sube, los costos de transporte y la energía necesaria para procesar ese crudo en las destilerías también aumentan. Por lo tanto, el impacto del barril «contagia» a otros componentes de la estructura de costos.

Bajo esta premisa, si el barril Brent sube un 30% (como ocurrió desde el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente que pasó de un crudo a u$s70 el último día de febrero al actual por sobre los u$s100, se está ante un incremento porcentual desde el 42% en el principal insumo de un litro de combustible.

Esta progresión matemática deja en evidencia el descalce financiero que enfrentan las refinadoras. Si se aplica la mencionada relación técnica sobre un salto del 42% en el valor del crudo, el ajuste teórico en el surtidor debería ubicarse en torno al menos del 28% para mantener el equilibrio del sistema.

Las subas «silenciosas» que preparan petroleras

Sin hacer públicas estas cuentas, durante la semana pasada las empresas del sector aplicaron incrementos moderados y progresivos que oscilaron entre el 4% y el 6%. Estas variaciones dependieron de la marca, el tipo de producto y la región del país. Esta estrategia de microajustes busca amortiguar el impacto en el bolsillo del consumidor, aunque resulta insuficiente frente a la velocidad de la crisis externa.

Tras ese reacomodamiento, los precios de referencia en la ciudad de Buenos Aires en una estación YPF se encontraba en torno a $1.717 el litro de nafta súper, y $1.878 su variedad Infinia, mientras que el diesel 500 se ubicaba en $1.768 y la premium $1.966. En el caso de Shell, esos valores eran de $1.789 la súper, $2.025 la variedad V-Power, $1.833 el gasoil y $2.099, la premium.

Dado que las empresas ya no hacen anuncios de sus movimentos de precios desde el segundo semestre del año pasado, las estimaciones del mercado es que de mantenerse la situación externa en los actuales niveles, se podría registrar durante la semana o los proximos 10 días otros ajustes para reeditar el piso del 4% que no causó mucha repercusión en los consumidores.

De concretarse estas subas del orden del 4%, la nafta súper, entonces, pasaría a tener un piso de entre $1785 y $1860, dependiendo de la compañía; mientras que la premium podría arrancar entre los $1.953 y los $2.100 pesos.

Las potenciales subas de precios están sustentadas en que las propias compañías advierten que los valores actuales presentan un retraso de al menos un 25% respecto a la paridad de importación. Esta brecha representa la diferencia entre lo que cuesta procesar el combustible con valores internacionales y el precio de venta al público en las estaciones de servicio. Sin embargo, las petroleras admiten que no existe margen social para trasladar la totalidad de ese peso de forma inmediata.

Sin embargo un viejo conocedor del mercado explicaba que «las downstreamers siempre lloran, pero nunca regalan el margen de refino. Y las productoras van a querer exportar todo lo posible, máxime ahora que no hay más esquema de cruce. El precio interno del miz de crudos que se produce en la Argentina lo venían acordando entre ellos, veremos si ahora llegan a un nivel de equilibrio o tendrá que intervenir el Gobierno aunque no lo acepte públicamente».

La gran ecuación interna

El contexto económico local actúa como un freno natural para las pretensiones de las empresas integradas y refinadoras. La retracción del consumo se siente en la red de estaciones de todo el país cuando hay saltos de precios importantes, porque los usuarios limitan sus cargas ante la pérdida del poder adquisitivo.

Pero, además, el Gobierno nacional mantiene la mirada puesta en la dificultad para perforar el piso inflacionario, que todavía se ubica cerca del 3% mensual. En un momento de libre mercado, las empresas podrían fijar sus políticas de precios, pero el amortiguador histórico es lo que hace el gran jugador que es YPF que domina el 55% del market share y condiciona a la competencia.

A pesar de estas limitaciones, las empresas deben garantizar la sostenibilidad operativa de sus plantas de refinación y redes logísticas. Los pequeños ajustes observados en los últimos días ayudan a reducir la brecha, pero no eliminan el riesgo de desabastecimiento si los costos de producción superan ampliamente los ingresos. La sostenibilidad financiera es el argumento principal para justificar la continuidad de la política de actualizaciones.

Pero esa ecuación de costos también depende de cada petrolera. Empresas integradas como YPF o PAE pueden asegurarse el abastecimiento de su propio crudo, otras lo adquieren a terceros y en algunos casos hasta importan el combustible ya elaborado, en particular los productos premium, lo que inevitablemente les llegan a precios internacionales.

Qué ocurre hacia adentro de la industria

Ante la persistencia del crudo por encima de los u$s100, el mercado no descarta un nuevo movimiento en los surtidores en no mucho tiempo. Los analistas observan que, si las condiciones en el Golfo Pérsico no ceden, el precio de la nafta volverá a subir para sintonizar con los costos de reposición. Pero esta dinámica se vuelve más crítica en un esquema de libre comercialización donde el incentivo exportador es muy fuerte.

El riesgo históricamente latente es que los productores de crudo privilegien la colocación de sus barriles en el mercado externo. En el exterior, el valor de venta alcanza niveles impensados para este momento del año, lo que vuelve menos atractivo el abastecimiento del mercado interno a precios semi-regulados o deprimidos. Esta tensión entre la exportación y el mercado local es el nudo que las autoridades intentan monitorear para evitar faltantes.

La Secretaría de Energía sigue de cerca las negociaciones entre productores y refinadores para evitar que la paridad de exportación desvíe el crudo necesario para las destilerías nacionales. Una menor oferta de petróleo para el mercado interno obligaría a importar más combustibles refinados, lo que a su vez encarecería todavía más el producto final. Es un círculo vicioso que la volatilidad internacional alimenta cada día.

En el caso del gasoil, la situación es incluso más sensible debido a su importancia para el transporte de cargas y la actividad agropecuaria. El componente importado en este combustible es mayor, por lo que cualquier salto en el Brent impacta de manera directa en los costos logísticos. Un ajuste mayor en este segmento terminaría por trasladarse a los precios de los alimentos y otros productos básicos.

Por el momento, la estrategia de YPF y sus competidores consiste en administrar la escasez de margen mediante ajustes quirúrgicos. La petrolera estatal busca liderar el mercado con una política de precios que acompañe la inflación sin generar saltos bruscos que desestabilicen la macroeconomía. No obstante, la realidad internacional impone límites físicos a esta contención que parecen estar cerca de agotarse.

La atención diaria en Medio Oriente

Las declaraciones de los líderes mundiales sobre el conflicto bélico son las que marcan el pulso de la cotización del crudo. Sin embargo, cualquier incidente nuevo en las rutas marítimas clave vuelve a disparar los seguros y, en consecuencia, el valor del barril. La Argentina mira este proceso con preocupación por su impacto en las metas fiscales y la evolción de precios.

La brecha entre el surtidor y la realidad internacional pone a prueba la flexibilidad del sistema energético. Si el Brent no afloja, el precio de la nafta superará nuevos récords nominales en los próximos días. Las petroleras privadas presionan para que el desfasaje no supere el umbral que hace inviable la refinación en suelo local.

Hacia adelante, el panorama depende exclusivamente de la duración del shock externo y de la decisión del Ministerio de Economía sobre los impuestos a los combustibles. Una postergación de los aumentos impositivos podría dar un respiro a las empresas sin golpear tanto al usuario, pero afectaría la recaudación nacional en un momento de cuentas públicas ajustadas.

Mientras el barril de crudo mantenga su vuelo alto, la presión sobre los surtidores será el tema central de la agenda energética de marzo. La pregunta, asegura uno de los analistas consultados, ya no es si habrá aumentos, sino con qué frecuencia se aplicarán para intentar seguirle el ritmo a un mundo en conflicto.

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